El cineasta inventa la forma de poner al día a sus padres muertos, sobre lo que ha ocurrido en la familia y en su país en los últimos 50 años.
Las nubes son personas: Allende, Raúl Ruiz, Pedro Meneses, una tía, un padre. Y así como los fenómenos climatológicos no pueden encadenarse por choque lineal (a la manera de Eisenstein), las imágenes y los sonidos, para el caso de Agüero, se “llaman” entre sí, a partir de repeticiones, rimas, retornos a su archivo personal, a sus películas pasadas, que también están compuestas de esta manera anti-fetichista (no todas), generando una especie de campo magnético, al estilo del cine de Artavazd Peleshyan, en donde el afecto acumulado, sumado a las múltiples visiones de lo mismo (por ejemplo, la luz de su patio), provocan una unidad orgánica: cuando se excitan los extremos, todo el conjunto brilla.
Danilo Petrovich, programador de FIDOCS 29