Revisando imágenes amateur de la historia política de Chile, la directora se pregunta cuáles podrían ser las grandes esperanzas de su generación.
La más reciente película de Karin Cuyul se adentra con lucidez en las heridas históricas de Chile, proponiendo un recorrido que entrelaza memoria personal y memoria colectiva. Revisita los ecos de la dictadura y traza un barrido hasta el estallido social de 2019, revelando las persistencias y fracturas de un país que aún busca narrarse a sí mismo.
A través de su propia historia, articula un relato donde lo individual se vuelve político. Es un testimonio necesario, que no solo observa al país, sino que lo siente, lo recuerda y lo confronta.
Por Josefa Infante Lozano, asistente de programación de FIDOCS 29