Un padre y su hija menor viajan al Pácifico mexicano; lugar que Ina eligió como hogar antes de morir demasiado pronto. Ahí, en medio de una naturaleza salvaje, transitan el duelo.
Una mirada quieta y cristalina se posa sobre la naturaleza salvaje que envuelve a sus personajes. La película acompaña con delicadeza el duelo compartido entre un padre y su hija, mientras ambos intentan sostenerse mutuamente. Desde una profunda admiración por el paisaje, se propone la observación de lo prístino como una forma de respuesta silenciosa frente al dolor. La selva se vuelve un espacio vivo que, al ser contemplado con atención, revela su capacidad de contener y de abrazar la pérdida sin palabras.
Josefa Infante Lozano, asistente de programación de FIDOCS 29