Toda la programación de ‘Camino a FIDOCS 30’ es gratuita. Para las funciones en la Cineteca Nacional de Chile debes reservar tu entrada online, el enlace está disponible aquí.
En 1997, en un Chile todavía atrapado en una eterna transición, Patricio Guzmán fundó FIDOCS. Bajo el nombre ‘Primer Festival Internacional de Cine Documental en Chile’, su primera edición se realizó en el Goethe-Institut, como única sede.
Entre las actividades de aquella edición inaugural destacó la ‘Primera Retrospectiva del Cine Documental Chileno’, una selección que recuperó obras fundamentales de realizadores como Sergio Bravo, Héctor Ríos, Carlos Flores e Ignacio Agüero. Al año siguiente, se programó una segunda retrospectiva, ampliando el recorrido histórico e incorporando nuevas películas y cineastas. Ambas muestras constituyeron uno de los primeros esfuerzos sistemáticos por rescatar, exhibir y poner en diálogo una parte fundamental del patrimonio audiovisual chileno.
Como parte de la celebración de la trigésima edición de FIDOCS, volvemos sobre esta retrospectiva fundacional, revisitando algunas de las películas que ayudaron a definir la identidad del Festival y permitieron redescubrir una tradición documental tan diversa como imprescindible. Más que una reposición, esta programación funciona como una ‘Retrospectiva de la retrospectiva’: obras que reúnen distintos tiempos —el de su realización, el de aquella primera retrospectiva y el presente— para observar, desde sus imágenes, lo que permanece inmutable y lo que aún no termina de cambiar.
¿Qué significa ser joven en un país donde el futuro parece suspendido? Realizadas durante la década de los ochenta, estas tres películas se aproximan a una generación que busca espacios de libertad en medio de la dictadura. ‘Los guerreros pacifistas’ observa con humor e ironía la irrupción del punk en Santiago; ‘El Willy y la Myriam’ se adentra en la intimidad de una joven pareja enfrentada a la cesantía y la incomunicación; y ‘Carrete de verano’ recorre los balnearios del litoral central para escuchar a jóvenes de distintas clases sociales hablando sobre el amor, el estudio, el trabajo, la familia y el país. Entre la expresión colectiva, la fragilidad de los vínculos y la incertidumbre ante el futuro, estas películas revelan distintas maneras de crecer en un entorno restrictivo y fracturado.
El Willy y la Myriam
Documental narrado por sus protagonistas que muestra la vida cotidiana de una joven pareja chilena de origen popular y sus cuatro hijos pequeños. Enfrentados a la cesantía, la pobreza, la migración rural-urbana y la incomunicación, luchan por mantenerse unidos como familia.
Guerreros pacifistas
Gonzalo Justiniano lleva su cámara a fiestas, calles, disquerías y peluquerías para conocer a un grupo de jóvenes que juega a ser punk en medio de la sociedad asfixiante de la dictadura. Quienes hablan aquí no son músicos ni pintores, sino sus seguidores, que esperan un cambio social desde una forma de protesta distinta a la convencional.
Carrete de verano
Un recorrido social por la costa de Chile central, desde la popular Cartagena al exclusivo Algarrobo, permite recoger la voz de los jóvenes. En medio de las fiestas y la diversión aparecen anhelos, preocupaciones y temas como el trabajo, el estudio, la relación con sus padres, el pololeo, el futuro y el país. Un cierto estado de ánimo de la juventud chilena ese verano del 84.