Toda la programación de ‘Camino a FIDOCS 30’ es gratuita. Para las funciones en la Cineteca Nacional de Chile debes reservar tu entrada online, el enlace está disponible aquí.
En 1997, en un Chile todavía atrapado en una eterna transición, Patricio Guzmán fundó FIDOCS. Bajo el nombre ‘Primer Festival Internacional de Cine Documental en Chile’, su primera edición se realizó en el Goethe-Institut, como única sede.
Entre las actividades de aquella edición inaugural destacó la ‘Primera Retrospectiva del Cine Documental Chileno’, una selección que recuperó obras fundamentales de realizadores como Sergio Bravo, Héctor Ríos, Carlos Flores e Ignacio Agüero. Al año siguiente, se programó una segunda retrospectiva, ampliando el recorrido histórico e incorporando nuevas películas y cineastas. Ambas muestras constituyeron uno de los primeros esfuerzos sistemáticos por rescatar, exhibir y poner en diálogo una parte fundamental del patrimonio audiovisual chileno.
Como parte de la celebración de la trigésima edición de FIDOCS, volvemos sobre esta retrospectiva fundacional, revisitando algunas de las películas que ayudaron a definir la identidad del Festival y permitieron redescubrir una tradición documental tan diversa como imprescindible. Más que una reposición, esta programación funciona como una ‘Retrospectiva de la retrospectiva’: obras que reúnen distintos tiempos —el de su realización, el de aquella primera retrospectiva y el presente— para observar, desde sus imágenes, lo que permanece inmutable y lo que aún no termina de cambiar.
Realizadas desde lugares y momentos distintos, ‘No olvidar’ (1982) y ‘La flaca Alejandra’ (1994) confrontan las heridas abiertas por la dictadura. Con una puesta en escena austera, silenciosa y libre de efectismos, Ignacio Agüero aborda el crimen de los Hornos de Lonquén desde los testimonios de la familia Maureira y su exigencia de verdad y justicia. Carmen Castillo, en cambio, regresa a Chile para encontrarse con Marcia Merino, antigua dirigente del MIR convertida mediante la tortura en colaboradora de la DINA. Su conversación se adentra en las zonas más complejas de la militancia, la traición y la supervivencia. Este diálogo reúne a dos cineastas que han acompañado de manera constante a FIDOCS desde sus primeras ediciones y cuyas obras forman parte esencial de la historia del festival.
La flaca Alejandra
Marcia Merino, conocida como “la flaca Alejandra”, fue detenida en 1974 por ser militante del MIR. Tras ser interrogada y torturada, terminó colaborando y dio a conocer nombres de amigos y miembros de su partido. Estuvo 18 años en manos de la DINA. En noviembre de 1992 dio una conferencia de prensa en la que confesó su colaboración con la policía política del régimen militar, y pidió públicamente disculpas a las víctimas que había denunciado. Carmen Castillo era una de ellas, y casi veinte años después vuelve del exilio para tener una extensa conversación con Merino y reconstruir, a través de su memoria, lo ocurrido durante esos años. Un documento capital contra el olvido.
Carmen Castillo es una documentalista reconocida por su compromiso con la memoria histórica de Chile y Latinoamérica. Se desempeñó como docente en la Universidad Católica y trabajó en el gobierno de Salvador Allende. Tras el golpe de Estado fue detenida y expulsada de Chile. Se exilió en Francia, donde inició su trayectoria cinematográfica. Su obra aborda principalmente la memoria, la dictadura y las experiencias de la militancia política, con películas como ‘La flaca Alejandra’ (1994), ‘El país de mi padre’ (2004) y ‘Calle Santa Fe’ (2007), estrenada en Cannes. En 2025 recibió el Premio Pedro Sienna a la Destacada Trayectoria.
No olvidar
Documental sobre la matanza de Lonquén. Se construye a partir de los testimonios de las mujeres de la familia Maureira, quienes durante seis años buscaron a cinco hombres de su familia detenidos por la policía pocos días después del golpe militar. En 1978 sus restos fueron encontrados enterrados en los hornos de una antigua mina de cal, muy cerca de sus hogares. El hallazgo constituyó un hecho fundamental en la historia de los detenidos desaparecidos en Chile: por primera vez se comprobaba que personas que habían sido detenidas por agentes del Estado habían sido asesinadas y ocultadas, refutando la información oficial.
Ignacio Agüero es uno de los documentalistas más reconocidos de Chile. Egresó en 1979 de la Escuela de Artes de la Comunicación de la Universidad Católica de Chile, con el título de Director Artístico con mención en Cine. Desde 1982 ha desarrollado una extensa obra documental que aborda la memoria, la historia reciente, la vida cotidiana y las transformaciones sociales. Es socio fundador de la Asociación de Documentalistas de Chile, de la que fue el primer presidente. Ha recibido numerosos reconocimientos, entre ellos cuatro premios Altazor, el Premio Pedro Sienna a la Destacada Trayectoria, el Premio Príncipe Claus de los Países Bajos y diversos galardones en festivales internacionales y nacionales.